Accesibilidad digital en el e-learning: hablamos con Mario Almonte

Para toda la industria de la formación online, la accesibilidad digital ha pasado de ser una casilla más que marcar en un pliego de condiciones a convertirse en una obligación con fecha de caducidad. En 2029 y 2030 vencen los plazos del Real Decreto 193/2023 para que los centros de formación garanticen la accesibilidad de su oferta, sus materiales y sus soportes.

Sin embargo, en el día a día del sector, la accesibilidad digital se sigue asociando casi en exclusiva a la plataforma de teleformación, dejando fuera de la conversación algo tan decisivo como el propio contenido, es decir, el contenido SCORM, los vídeos o los PDF con los que aprende el alumnado.

Esa distinción, entre lo que exige la ley y lo que de verdad determina si alguien puede aprender o no, es el hilo que atraviesa toda esta conversación con Mario Almonte, consultor certificado CPWA especializado en accesibilidad digital aplicada a la formación online.

Mario Almonte experto en accesibilidad digital

Mario Almonte Moreno es consultor y formador en accesibilidad digital aplicada a e-learning y entornos web. Licenciado en Psicología y máster en Educación y Nuevas Tecnologías, está certificado como CPWA por la IAAP (International Association of Accessibility Professionals) y es profesor en el Especialista Universitario en Accesibilidad Digital de la Universitat de Lleida. Es autor del blog Aprendizaje en Red, donde publica sobre plataformas de e-learning, diseño instruccional y accesibilidad, y comparte su trabajo en LinkedIn.

De la lista de requisitos al problema de diseño

Ideaspropias Editorial (IPE): Empezaste en diseño instruccional y LMS y con los años te especializaste en accesibilidad digital. ¿Qué te hizo dar ese giro hacia la accesibilidad específicamente en entornos de formación?

Mario Almonte (MA): Llevo en el e-learning bastante tiempo y durante algunos años vi la accesibilidad como lo que me habían contado que era, un conjunto de requisitos que cumplir para que una plataforma o un curso pasaran el filtro del SEPE o de Fundae. Algo que tachar en una lista.

Lo que empezó a mover eso fueron las publicaciones de Susi Miller, diseñadora instruccional especializada en accesibilidad aplicada al e-learning. Leyéndola entendí que la cosa no se resolvía poniendo subtítulos, haciendo los contenidos adaptables a móviles y revisando el contraste de color. Y que había mucho que aprender si realmente quería hacerlo bien.

Instalé en mi PC un lector de pantalla y aprendí lo básico. Intenté navegar y leer contenidos SCORM hechos por mí y me di cuenta de que para un usuario de esta tecnología habría sido imposible utilizarlo. Probé a utilizarlos solamente con teclado, como cualquier persona que no puede usar un ratón, y fue una pesadilla conseguir navegar.

Ahí entendí que no había girado hacia ningún sitio nuevo. Llevaba años dentro del terreno donde esto más falta hacía y no lo había visto. Vengo de la psicología y me dedico a diseñar formación pensando en cómo aprende la gente, y de repente estaba viendo que a una parte de esa gente le poníamos la barrera antes de que empezara a aprender. Eso deja de ser un requisito normativo y pasa a ser un problema de diseño.

Eso deja de ser un requisito normativo y pasa a ser un problema de diseño.

Mario Almonte, consultor en accesibilidad digital.

Prepararme el CPACC, mi primera certificación de la IAAP, me ayudó a ordenar todo lo anterior. Me puso en contacto con otros profesionales de la accesibilidad digital, de los que sigo aprendiendo. Y, sobre todo, amplió mucho mi comprensión sobre la diversidad de necesidades que podemos tener los seres humanos.

Sigo estando en el diseño instruccional y en los entornos web como los LMS, pero con una especialización que me obliga a hacerme una pregunta antes de cada decisión: quién se puede quedar fuera.

Lo que exige la ley

IPE: Con la Directiva Europea de Accesibilidad y la norma UNE-EN 301 549 ya exigibles, ¿qué cambia realmente para quien produce o contrata contenidos de formación profesional para el empleo?

MA: Primero hay que aclarar que el sistema de formación profesional para el empleo, desde que entró en vigor la Ley 30/2015, ya establece legislativamente entre sus principios rectores «la accesibilidad y participación de las personas con discapacidad o especialmente vulnerables». Y en cuanto a teleformación se especifica que las plataformas y contenidos deben ser accesibles a las personas con discapacidad.

En el Acta Europea de Accesibilidad no figura la formación en la lista de productos y servicios que abarca. Pero sí expande la obligación a otros ámbitos relacionados con el consumidor final, como es el comercio electrónico. Y este impulso está favoreciendo que se tome más conciencia de la accesibilidad en diferentes ámbitos.

Lo que se le escapa a mucha gente es que existen otras normas, estatales y autonómicas, que no dependen de cómo se financie la formación. En el ámbito estatal, el Real Decreto 193/2023 exige a los centros privados y a los de enseñanza no reglada garantizar la accesibilidad de su oferta formativa, materiales y soportes. Su calendario ya venció para los servicios que se conciertan o suministran a las administraciones públicas, desde enero de 2025 y 2026 según el caso, mientras que para el resto del sector privado el plazo llega en 2029 para lo nuevo y en 2030 para lo ya existente. Y establece mínimos, las comunidades autónomas pueden ir más allá. En Cataluña, por ejemplo, el Decret 209/2023 dedica un artículo a los servicios educativos.

A quien produce o contrata le conviene tener como referencia la última actualización de la norma UNE-EN 301 549, que cubre más aspectos que las WCAG (ya incluidas en esta norma). De todos ellos, los más relevantes para el sector están relacionados con requisitos extra que afectan al reproductor de vídeo, pero según el tipo de contenido y sobre todo si hablamos de plataformas existen otros, como son los relacionados con la accesibilidad en el proceso de autoría, por ejemplo al hacer una actividad de redacción o participar en un foro.

IPE: Al margen de qué plataforma se use, ¿qué señales indican que una plataforma no va a cumplir los requisitos de accesibilidad de Fundae?

MA: Aquí la normativa de base no es la europea. Nos guiamos por la Orden TMS/369/2019, que establece como estándar las prioridades 1 y 2 de la norma UNE 139803:2012, equivalente a WCAG 2.0 en nivel AA. El problema es que esa norma no se ha actualizado desde entonces, así que mi recomendación es tomar como referencia la UNE-EN 301 549, que está mucho más al día.

Ahora bien, no hay ninguna certificación oficial obligatoria detrás de todo esto. Por lo que yo he visto, basta con declarar que se cumple. Así que quien contrata una plataforma no puede dar por hecho que alguien lo haya comprobado antes por él.

En cuanto a señales, cuando ya entro en la plataforma hay indicaciones que para mí son claras. La más obvia y la más fácil de detectar es que falte el indicador del foco de teclado, del todo o en algunas zonas. La plataforma puede seguir respondiendo al teclado, pero navegas a ciegas, sin saber en qué elemento estás.

Manos escribiendo en el teclado de un ordenador, uno de los puntos clave que se revisan al evaluar la accesibilidad digital de una plataforma.
Que se vea siempre dónde está el foco del teclado es una de las comprobaciones más rápidas que se pueden hacer en el ámbito de la accesibilidad digital.

Hay muchas más, pero escojo otra que me resulta muy reveladora. Si encuentro iconos funcionales, una casita, una interrogación, unas flechas, compruebo si tienen nombre accesible y si ese nombre describe lo que el icono hace. Es esencial para quien navega con lector de pantalla y también para quien usa control por voz, porque esa persona pronuncia en voz alta el nombre del elemento que quiere activar. Si el nombre no está o no corresponde, no puede.

Y termino con una señal que me da pistas pero al revés. Si un proveedor cuenta qué partes todavía no tiene resueltas y en qué está trabajando, transmite mucha más confianza que quien se limita a decir que cumple. Una plataforma que sigue creciendo tiene accesibilidad que mantener siempre, y quien lo plantea así me está diciendo que ha entendido de qué va esto.

Si un proveedor cuenta qué partes todavía no tiene resueltas y en qué está trabajando, transmite mucha más confianza que quien se limita a decir que cumple.

Mario Almonte, consultor en accesibilidad digital.

El contenido, el gran olvidado de la accesibilidad digital

IPE: Cuando un centro de formación piensa en accesibilidad, casi siempre piensa en la plataforma. ¿Por qué el contenido en sí, SCORM, los vídeos, los PDF, suele quedar fuera de esa conversación, y qué riesgo tiene eso?

MA: Yo creo que se sigue pensando que la accesibilidad es exclusivamente un requisito técnico de obligación legal. Y a veces el desconocimiento es tan profundo que se cree que con encontrar una plataforma que lo cumpla ya es suficiente.

Sin embargo, para un aprendiz, la accesibilidad forma parte de toda su experiencia, desde matricularse hasta desenvolverse en la plataforma, comunicarse con otros participantes y utilizar los contenidos, ya sean interactivos o estáticos.

Teniendo en cuenta lo anterior, el riesgo de olvidarnos de la accesibilidad de los contenidos puede llegar a ser peor que el de una plataforma. Lo más frecuente es que el diseño y desarrollo de los contenidos o el precio pagado por adquirirlos hayan sido altos. Dar marcha atrás y conseguir otros o arreglar lo que se tiene puede suponer un coste elevadísimo.

No obstante, cambiar de plataforma por otra que ofrezca una experiencia de usuario más accesible, en según qué situaciones, puede ser bastante menos grave. Sobre todo si la base de tu formación son estructuras en SCORM o vídeos.

IPE: En tus auditorías, ¿cuáles son los fallos de accesibilidad que más se repiten en los contenidos de e-learning, más allá de lo evidente como el contraste de color?

MA: Quizá para mí lo más importante no es tanto lo que más se repite, como lo que más puede tener impacto en el aprendizaje de un usuario. Y lo que observo es que frecuentemente se olvidan aspectos de accesibilidad cuando llega el momento de las interacciones. Por ejemplo en una actividad de arrastrar y soltar. Esas actividades se diseñan para que la persona haga algo, y cuando el hacer solo funciona con ratón, quien no puede usarlo queda excluido.

Pero al margen de eso, el error más frecuente sigue siendo la ausencia o mal uso de alternativas textuales. Me encuentro imágenes que una persona que utiliza un lector de pantalla no podría identificar. Y esto tiene más impacto del que quizá alguien piense. El caso más claro es el de una persona ciega, pero hay personas que no han perdido toda la visión y que también se apoyan en estos sistemas. Incluso personas con dislexia pueden sentirse más cómodas «escuchando» un contenido completo.

Y otros errores de accesibilidad que suelen aparecer con frecuencia en contenidos y son importantes son el mal uso, o ninguno, de encabezados semánticos y la ruptura del orden lógico. Si fallas en estos puntos la lección puede perder el sentido completamente o te puede resultar complicado navegar a través de ella.

Vídeo, el mayor reto de accesibilidad en los cursos online

IPE: Los cursos con más peso en vídeo son también los que más fallan en accesibilidad si no se cuida el subtitulado, la transcripción o la audiodescripción. De estos elementos, ¿cuáles son realmente imprescindibles y cuáles se pueden priorizar según el tipo de curso?

MA: Con el vídeo conviene separar dos cosas que no siempre coinciden, lo que exige la norma y lo que de verdad le sirve a quien está aprendiendo. Te resumo la norma. Subtítulos prácticamente siempre. Audiodescripción según el contenido del vídeo. Transcripción opcional.

Los subtítulos son totalmente imprescindibles, y no solo para quien uno imagina. Ayudan a personas sordas o con pérdida auditiva, claro, pero también a quien no es nativo del idioma, a quien tiene dificultades de comprensión lectora o de atención, y a quien está viendo el curso en el metro sin auriculares. Eso sí, tienen que ser subtítulos para personas sordas: además del diálogo, identifican quién habla y recogen los sonidos que aportan información.

Ordenador portátil con un programa de edición de vídeo abierto, durante la fase de producción donde se decide la accesibilidad digital de subtítulos y audiodescripción.
Subtítulos, audiodescripción y transcripción no cumplen la misma función ni tienen la misma prioridad, aunque suelan tratarse como si fueran intercambiables.

La audiodescripción depende de lo que enseñe el vídeo. Si es un profesor hablando a cámara, o si al mostrar un gráfico va contando lo que se ve en él, no queda nada que describir aparte. Hace falta cuando en pantalla ocurre algo relevante que el audio no cuenta, un dato que solo aparece escrito, una demostración visual, el título de un capítulo que no se lee en voz alta. Y esto se debería decidir en el guion, no en posproducción, que es cuando sale caro.

Y por último las transcripciones. Aunque la norma no las pida, son las que más rendimiento dan por lo poco que cuesta hoy en día generarlas. Permiten hacer búsquedas rápidas, leer al ritmo de cada uno y tomar apuntes. Y si son descriptivas, van a ser la mejor forma en que ese contenido le llegue a una persona sordociega que lee con línea braille.

Qué exigir al comprar contenido ya hecho

IPE: Muchos centros y gestorías no producen su propio contenido, lo compran ya hecho. ¿Qué debería preguntar o exigir un centro al contratar cursos eLearning para asegurarse de que son accesibles, sin tener que auditarlos ellos mismos?

MA: Aquí voy a ser muy claro. Hay que exigir un informe de conformidad de accesibilidad del producto y contar con un especialista en accesibilidad que lo compruebe. Y te preguntarás, ¿por qué tiene que comprobarlo alguien? Pues por dos motivos importantes: uno obvio y el otro no tanto.

El primero se basa en que quien responde en materia de accesibilidad frente al alumnado y frente a la Administración es quien imparte, y un informe de conformidad, aunque nos da pistas de que al menos hay un esfuerzo declarativo, no es una garantía. Así que al final hay que revisar si es cierto lo que en él se declara.

Además, necesitamos a alguien que sepa mirar con criterio, porque la accesibilidad no es algo que “se cumple o no se cumple”. Desgraciadamente, podemos encontrar contenidos que pasen normativamente todos los criterios de una auditoría de accesibilidad pero que sean verdaderamente terribles en materia de usabilidad y experiencia de usuario, incluidas personas con discapacidad. Mientras que pueden existir otros contenidos con un cumplimiento parcial pero detrás de los cuales hay alguien que se ha preocupado más de cuidar la experiencia de aprendizaje y realmente quiere incorporar la inclusión como un valor en sus desarrollos.

Aunque parezca contradictorio, un diseño inclusivo puede beneficiar a más personas con discapacidad que otro sin ningún fallo normativo.

Un diseño inclusivo puede beneficiar a más personas con discapacidad que otro sin ningún fallo normativo.

Mario Almonte, consultor en accesibilidad digital.

ContrastDuo, para comprobar el contraste con dos criterios a la vez

IPE: Has desarrollado ContrastDuo, tu propia herramienta de verificación de contraste. ¿Qué te llevó a crear una herramienta propia en lugar de apoyarte solo en las ya existentes, y qué la diferencia?

MA: El sistema de cálculo de contraste de WCAG 2 falla en bastantes escenarios, y eso lo sabe cualquiera que lleve tiempo trabajando con color fuera del mundo de la accesibilidad. Puede dar como AAA combinaciones que hasta una persona con buena visión lee con incomodidad.

APCA es un sistema más moderno, que se ajusta mucho mejor a cómo percibimos el contraste y que tiene en cuenta el tamaño y el peso de la letra. El problema es que hoy no puedes guiarte únicamente por APCA, porque acepta combinaciones que WCAG 2 da por insuficientes y WCAG 2 es lo que se exige legalmente. Así que, si quieres hacer un diseño legible, acabas comprobando dos veces y en dos sitios.

Abanico de muestras de color en distintos tonos, usado para ilustrar el contraste como criterio de accesibilidad digital.
El contraste de color es uno de los criterios de accesibilidad más conocidos, y también uno de los que peor calculan las herramientas que solo se guían por WCAG 2.

Lo que me llevó a crear ContrastDuo es que en el momento de hacerlo no existía ninguna herramienta que te diera las dos cosas a la vez, sin cambiar de pantalla. Te da los dos resultados a la vez y te avisa cuando no coinciden, que es justo el momento en el que hay que tomar decisiones. Además puedes ajustar los colores en OKLCH, un espacio de color que facilita crear paletas accesibles.

ContrastDuo es gratuita y está en español. También incluye utilidades para comprobar el contraste directamente en otros sitios web.

Hacia dónde va la exigencia de accesibilidad digital

IPE: ¿Hacia dónde crees que va a evolucionar la exigencia de accesibilidad digital en la formación online en los próximos años?

MA: Yo creo que el problema de fondo es que la accesibilidad se sigue viviendo como una exigencia legal que hay que superar una vez y ya está. Como si fuera el RGPD. Y esa manera de verlo tiene consecuencias, en el sector web es lo que ha hecho que proliferen los overlays, esos widgets que se instalan en una web y prometen resolverlo todo con un botón, y en e-learning ya se ve en herramientas de autoría que dicen convertir un contenido en accesible.

La exigencia va a aumentar, de eso no tengo duda, ya lo dejan claro los plazos.

Y luego está lo que de verdad me gustaría que cambiara. Hoy, cuando alguien revisa un curso o una plataforma, lo que se pregunta es si cumple. El día que lo que se pregunte sea si las personas que van a hacer ese curso van a poder aprender bien, sea cual sea su condición, las exigencias legales van a ser lo de menos.

Cuando alguien revisa un curso o una plataforma, lo que se pregunta es si cumple. El día que lo que se pregunte sea si las personas que van a hacer ese curso van a poder aprender bien, sea cual sea su condición, las exigencias legales van a ser lo de menos.

Mario Almonte, consultor en accesibilidad digital.

Lo que nos deja esta conversación

Lo más valioso de hablar con Mario Almonte no es la lista de normas que cita de memoria, aunque impresione. Es el cambio de visión que propone, pasar de «¿esto cumple?» a «¿esto permite aprender?». Esa distinción es la que separa una accesibilidad de cara a la inspección de una accesibilidad que de verdad transforma la experiencia de quien está al otro lado de la pantalla.

Para cerrar, le hemos hecho a Mario una batería de preguntas mucho más sencillas de responder que cualquier criterio WCAG 👇

Cuestionario Proust de Mario Almonte

Cuestionario Proust de Mario Almonte. El texto completo está a continuación.
Diez preguntas rápidas para conocer al Mario Almonte que hay detrás del consultor en accesibilidad digital.
Texto completo del cuestionario Proust
  1. Si no te dedicaras a tu profesión actual, serías… Educador de calle.
  2. Tu lugar favorito para concentrarte o trabajar es… Mi despacho.
  3. Un talento oculto o afición que poca gente conoce de ti es… Fui músico en un grupo de música tradicional irlandesa.
  4. Tu mayor defecto es… Cuando me centro en algo me absorbe, y lo demás tiene que esperarme un poco.
  5. Un libro que recomiendes siempre es… El caballero de la armadura oxidada.
  6. Tu grupo de música o artista favorito es… The Chieftains.
  7. El mito sobre accesibilidad que más te gustaría desterrar es… Que las herramientas automáticas te dicen si algo es accesible.
  8. Si fueras un producto o una marca, ¿cuál sería tu eslogan? Experiencia accesible de verdad, no sobre el papel.
  9. Un viaje o destino que te haya marcado profundamente… Pasear por el centro de Fez en Marruecos.
  10. Tu cita o frase de cabecera es… Despeja de tu mente el pasado y el futuro. Aprende a vivir en compartimentos estancos.

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Contenido creado por:
  • Miguel Paz

    Miguel Paz

    Técnico de comunicación y marketing

    Periodista y especialista en comunicación digital con un enfoque estratégico en el sector e-learning y la formación profesional. Su labor en Ideaspropias Editorial se centra en conectar soluciones pedagógicas con las necesidades reales de centros y empresas, a través de contenidos de valor y estrategias basadas en datos.

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